Me gusta agosto de tormentas y cierzo en Zaragoza. Aquí estamos, como siempre a medio gas, disfrutando con lectura de digestiones sencillas.
Aquí pasamos del Benidorm bizarro, con actuaciones de María Jesús, con acordeón en el precio, rodeada de rascacielos y luces de neón,
y jubilados a mogollón.
Aquí pasamos hasta de un Salou renovado, que es la cuarta capital aragonesa, con permiso de Soria. Soria, la ciudad sin aire acondicionado, ni falta que le hace.
Hay un eslabón más en las urbanizaciones costeras, que confunden los pueblos con una mixtura de paella, sangría y playa. Me gustan los pueblos costeros silenciosos, de esos que no existen, aunque no queden librerías e incluso
Aquí por Zaragoza, medio vacía, tranquila, de sustituciones y media mañana, prensa esquelética. Me gusta, no queda otro remedio,












































