Un muchacho sufre de insomnio somatizando la relación con su madre. Al día siguiente come una torta y escribe un libro. En esa noche tiene un ataque de asma porque la novia (o novio?) se rehúsa a hacerle unos mimos. Todo termina en un baile donde ya están todos muy viejitos. Nada más.
William Shakespeare: “Hamlet”
Un príncipe bastante loquito se pasea de noche por el castillo, cuando el fantasma del padre le dice que fue matado por el tío que duerme ahora con la madre, cuyo hombre de confianza es el padre de la novia, que, entretanto, se suicida al saber que el príncipe mató a su padre para vengarse del tío que había matado al padre de su novio y que dormía con la madre. El príncipe mata al tío que duerme con la madre, después de hablar con una calavera y muere asesinado por el hermano de la novia, la cual era loca y que se había suicidado también.
Sófocles: “Edipo-Rey”
Este era un rey de Tebas, que no le dio bola a la Esfinge y sin saber quién era mata a su padre, mientras se acuesta con su verdadera madre. Cuando se aviva de todo el lío que armó se arranca los ojos A causa de eso, siglos después, surge el psicoanálisis que, en cuanto demuestra que tú vas por el mismo camino, te arranca los ojos de la cara en cada consulta. Fin.
William Shakespeare: “Otelo”
Un rey bastante tontito, tiene un amigo muy HDP que sólo piensa en vengarse por no tener un cargo en el gobierno. Lo convence de que la reina tiene relaciones con otro. El rey va y la mata. Al descubrir que no era cornudo pero sí bastante idiota, coge al tipo y se queda llorando solo.